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Ortodoncia II: las opciones (por el Dr. Juan Manuel Bujaldón)

16/12/2010

Existen varias alternativas en cuanto al tipo de aparato de ortodoncia que podemos utilizar. Los mejores resultados se obtienen con la ortodoncia convencional, aunque hay alternativas más estéticas como la ortodoncia lingual o los tratamientos con férulas.

A la cabeza se sitúa el aparato fijo, que va pegado o adherido a la cara externa del diente, llamada vestibular. Es el tratamiento “de toda la vida”, aunque ha experimentado muchas mejoras, ya que hoy en día los alambres utilizados y los brackets son mucho mejores, en diseño y composición y, por ello, más efectivos. Una alternativa que ha surgido para evitar uno de los principales inconvenientes de este aparato, me refiero al hecho de que son visibles y en nuestra sociedad se consideran antiestéticos (aunque este tema lo considero una lacra sociocultural), es el pegado o adhesión de losbrackets en la cara interna de los dientes, que se llama cara lingual por mirar a la lengua. Por ello, se conoce como ortodoncia lingual.

Este tipo de ortodoncia, aunque pueda parecer que es lo mismo que la vestibular pero trasladando el aparato al interior, no tiene mucho que ver con su hermana mayor. Los brackets son diferentes y la mecánica utilizada también lo es. Desde mi punto de vista tiene varios inconvenientes: es más cara, más larga en el tiempo, más molesta, puede ser iatrogénica, puesto que la limpieza del aparato por lingual es sumamente complicada, no todos los tipos de maloclusiones son candidatas a tratarse por lingual, debiendo hacer una correcta selección de los pacientes, y sus resultados no son equiparables a los de la ortodoncia vestibular. Muchos ortodoncistas creo que piensan como yo, pero los pacientes, incomprensiblemente para mí, prefieren todos esos inconvenientes pero que el aparato no se vea o note. Deberían reflexionar y colocar en una balanza los pros y los contras y luego decidir.

Si se quieren las bondades de la ortodoncia vestibular tenemos la opción de usar brackets estéticos (normalmente de porcelana) que se ven muy poco y hacen que el aparato pase bastante desapercibido.

Otra alternativa al aparato fijo es el tratamiento mediante férulas transparentes, que se van cambiando cada 15 días por otras nuevas. El fundamento científico de esto es que una férula removible de plástico transparente tiene la capacidad de producir pequeños movimientos dentarios. Cuando lo ha conseguido, como he dicho aproximadamente en 15 días, pasamos a la siguiente, que tiene programado otro pequeño movimiento que afecta a todos los dientes de esa arcada. Se suelen tratar ambas arcadas a la vez. Potentes ordenadores y software simulan el resultado final y dividen este objetivo en una serie consecutiva de pequeños movimientos dentarios que van produciendo las férulas.

La duración del tratamiento suele ser la misma que uno convencional. En la mayoría de los casos hay que pegar aditamentos en los dientes, del mismo color que los mismos, para que las férulas puedan hacer algunos movimientos dentarios. Al igual que la ortodoncia lingual, desde mi punto de vista, tiene varios inconvenientes: es cara, ya que el ortodoncista manda los moldes del paciente a la empresa que tiene la patente de la máquina-robot que diseña y realiza las férulas y estos aprovechan su exclusividad, tiene sus limitaciones y no todos los tipos de maloclusiones son candidatas, debiendo hacer una correcta selección de los pacientes, y sus resultados no son equiparables a los de la ortodoncia vestibular. Sin embargo, hay que reconocer que es cómoda y muy higiénica, ventajas que no tenía la ortodoncia lingual. 

Otra novedad es el bracket de autoligado. En la ortodoncia vestibular el alambre se une al bracket que está pegado individualmente en cada uno de los dientes por una ligadura que, simplificando, no es más que un pequeño aro elástico que sujeta dicho alambre al bracket. Esta ligadura presiona el alambre dentro de la ranura del bracket y provoca fricción entre el metal de ambos dificultando el movimiento ortodóncico. Para evitarlo se han diseñado unos brackets que tienen como una “tapita” que cierra sobre el alambre cuando este se coloca en el interior del mismo. Se llaman brackets de autoligado porque no necesitan de dicha ligadura y por sí mismos son capaces de albergar el alambre sin que este se salga. Este diseño ha supuesto una revolución dentro del mundo de la ortodoncia puesto que se ha asociado a tratamientos más cortos y con menos extracciones. Pero, desde mi punto de vista, otra vez tenemos que discernir entre una mejora en el diseño de los brackets y un cambio en la filosofía de nuestros diagnósticos y planes de tratamiento. 

Dr. Juan Manuel Bujaldón Daza
Ortodoncista exclusivo en Granada; es licenciado en Odontología por la Universidad de Granada y máster en Ortodoncia por la UCM. Doctor en Odontología por la Universidad de Granada, es autor de numerosas publicaciones en odontología.

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